De vuelta a casa.
Por mi vista todos
tienen la cabeza en un
hombro, incluso los que no
tienen un acompañante
tienden a dejar caer la cabeza
a la deriva de su imaginación.
Me siento interrumpido de
añadir a mí vida viajes
existenciales, de tener hambre
sentirse solo y de no tener
un hombro ajeno a los míos, para
dormir y soñar que la vida
admite borrones y
que estoy a la mitad
del viaje.
Espero no sentarme más al lado
de la ventana:
mis mayores temores y problemas
se ven reflejados en ese material
transparentes.
Me acomodo, y observo que las
mismas cabezas siguen afirmadas
en esos hombros ajenos.
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