viernes, 28 de marzo de 2014

Tarde de no clases.

Tarde de no clases.

Canta el día de una noche
Si hay actos que no entendemos
Del idioma pajarístico.

No hay árbol
No hay nube
Ni sol
                Que escriba
Debajo de los vidrios.
No hay creación que
No salga de la mesa.

Un lápiz rojo
                          Escribe en negro.
Hay normas que nos rigen
Y los países emanan
Un  vértice sumatorio entre las ocho a ocho
Y la magia
Narra en las hojas ya rayadas.

Hay una caja de leche que nos mira
Que muere sin tener sangre.
Sin tener a alguien que lo
Guarde en un cementerio.

Hay un día que la
Cordillera se niebla
Y las nebulosas penetran la tierra
Las mentes
Los cementerios
Las cartas y hojas que mutan para volar
A la galaxia de alguna
Célula.

Las voces imitan el crujido
De una lata de cerveza y
No hay libertad
Que
        Vuele
                        De
                               Ba
                                    Jo
                               Del        
                 Mundo
            Y
  Todos
Las casas lloran en una estética de la
Corriente verbal de un no hay
En la despensa del ámbar
De una lagrima solar.

Paseo mental.

Paseo mental.

Conjurando la estética de los pensamientos
de mi jardín llegue a concluir
que hay una vereda como pasamos a la vía del pensar
que existe un abismo entre el sauce, el pino y mi pieza,
que se haya escondida como letrero de buenas noches
en los atardeceres que recuerdo.

Se destapan las horas en la punta izquierda de mi cuerpo,
nadan por encontrar el fondo en lo alto de mis pies,
y uno cavando las profundas eras de la sangre
estancada en mis ríos de lava congelada,
encontré oro como último recurso para sobrevivir.

El día dejó de entrar y salir por los vértices que envuelven las noches.
El día dejó de entrar a la semana y la semana al mes y el mes al año y los años al día de hoy.

Que las pinturas y las fotos recuerden que pueden derrocar cualquier imagen
encontrada en los ojos de la madera, y la madera, que olvide su debilidad
ante el fuego
y se hunda en el lago olvidando que supo nadar en el mar.

Mujer del Colibrí.

    Mujer del Colibrí.
Atrapado por una sociedad
La imagen repite
En miradas que liberan
El sonido triunfador de
Algún ruido que fue silencio.

La sombra besa una sombra.
La bola de fuego se derrite
En algún hombre
De hielo,
Devorado
Asesinado, y una pared
Que raya la ironía
De un sarcasmo.
Los colibrí sacan el
Respeto de un poeta
Ganador del nobel.

La mujer del colibrí me llama
De una mirada
      Mi inocencia pide a gritos
Su mano y
                   Ella
Se va
          Se va, se va y el
Colibrí muere, sus alas dejan
De nadar.
Sus rastros permutan y oscilan esas
Líneas del rojo invisible.
Poeta y gladiador
Del espejo que dejó
De reflejar al colibrí
En una mujer
            Cuidadora
Del ave que podía
Caminar dando pasos

Hacia atrás. 

La Mesa.

La mesa.

De un ojo veo persianas y ojos tristes
Del otro veo un colibrí que trata de huir de mi olfato.
No doy paso hasta encontrar un lápiz encendido en metáforas
Que no entiendo, ni por mirar el estrellado cielo de un día domingo
Por la noche.

Entre las paredes corre una vertiente helada que sólo mi cuerpo puede ver,
Y más encima la puerta del refrigerador está abierta
El frío de ahí inunda mis pies y me hace tropezar
Con las sandalias que deje tiradas después de
Tocar una mesa que me hablaba de un viejo amor.

La mesa toca la puerta y entra el viento
Él desordena los recuerdos: los que estaban guardados entre los libros
Y estos
Salen hablando sobre un viejo amor.

La comida está lista para dos personas
Pero una sola se sienta a comer
Y ese plato de comida me habla de un viejo amor.

La casa de mis padres
La pieza en que dormía
La cama que me acostaba
Palabras dibujos letras rayas cuadros medallas
Libros ropa colgada la ventana el piso
Una tele
Y el techo
Y el techo
Y el techo toca mis profundos frascos
De alquimia
En donde escondía un viejo amor
Y que volvió a tocar las cosas que alguna vez
Fueron su segunda casa

Para volver a inundar los ríos de agua de mar.

Bajo las nubes.

Bajo las nubes.

Un puñado de orgías contemplan el vaso vacío
de aire.
Unas gotas miran la TV y las nubes
envejecen.
Las tormentas dejan su sonrisa
con un rayo, y el rayo ya estaba rayado por unas sonrisas
que destruyo
otro rayo.

Contemplo un puñado de platos vacíos
contemplo una vida vacía
una hoja vacía
un lápiz incoloro
unos ojos dormidos

y un camino que dejó de llevarnos a un destino.