viernes, 28 de marzo de 2014

Paseo mental.

Paseo mental.

Conjurando la estética de los pensamientos
de mi jardín llegue a concluir
que hay una vereda como pasamos a la vía del pensar
que existe un abismo entre el sauce, el pino y mi pieza,
que se haya escondida como letrero de buenas noches
en los atardeceres que recuerdo.

Se destapan las horas en la punta izquierda de mi cuerpo,
nadan por encontrar el fondo en lo alto de mis pies,
y uno cavando las profundas eras de la sangre
estancada en mis ríos de lava congelada,
encontré oro como último recurso para sobrevivir.

El día dejó de entrar y salir por los vértices que envuelven las noches.
El día dejó de entrar a la semana y la semana al mes y el mes al año y los años al día de hoy.

Que las pinturas y las fotos recuerden que pueden derrocar cualquier imagen
encontrada en los ojos de la madera, y la madera, que olvide su debilidad
ante el fuego
y se hunda en el lago olvidando que supo nadar en el mar.

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