miércoles, 11 de junio de 2014

8 del 8 de 1993.

8 del 8 de 1993.

Asusta entrar a evocar
en el oído una pared,
llena de palabras pintadas
con las sonrisas, de
mirar al espejo y encontrarse
diferente de hace unos quince
años atrás

de encontrar pantalones y sandalias
rotas por jugar entre
los arboles

de pistolas que disparaban agua,
pero el agua de mar
destruía esas feroces armas.

El choque de una piedra y una bala
como sinónimo de la primera
guerra mundial que viví
en una pampa
con amigos, que sus nombres
no recuerdo.

Es cierto, le temo al mes

de agosto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario