Cuando nos dejan.
Cuando dejé de escribir
sentí un pesar
tan caótico
que
comencé a difuminar
palabras
en materias cósmicas
laminadas
en hojas blancas.
Cuando
dejé de caminar
dejé de nadar por el
universo
y me perdí en la cálida nieve
estelar.
Cuando dejé de leer,
dejé la imaginación disuelta
en el frasco químico
de
la
vida.
Cuando dejé de escribir,
dejé de morir.
Cuando dejé de morir
derrame poesía en el mantel
de
los
recuerdos
olvidados.
Cuando la poesía me dejó
ya no
hubo una
luz en la oscuridad
sino un margen de error en la
nostalgia
de la (in)moralidad.
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