viernes, 9 de mayo de 2014

Bajo de un alero.

Bajo de un alero.

Dejé la paciencia en el sótano
dejé relaciones bajo las estrellas
hubieron mundos llenos de agua y calor para
formar un precipicio.

Siento una palabra llamada placer y después es una noche
de brebajes atómicos
y de esos sueños desperté en una laguna mental
y supe como recordar unos años de instantes
a comparación de unas semanas.

Imaginé un plato como universo paralelo al mío
pero olvido que dejé relaciones bajo las estrellas y formé
un precipicio para desordenar estos calvarios y retomarlos
en la negación de la tinta
ante su cansancio.

Dejé notas debajo de la mesa
dejé notas debajo del techo
dejé un verbo para dejar de ser una acción,
y dejé
la noción de estar produciendo un enjambre de
versos.

Noté la complicidad ante todo lo bello
y lo estético, en lo cual, los artilugios
dejaron de ser acciones para convertirse
en ese algo que no encontramos
debajo de las estrellas y sólo se encuentra
en la yema de las personas, que no tienen dedos,
por lo tanto, hay que nadar en un precipicio de alguna órbita
y allí tomar carta de resurrección
para pedirles a esos poetas fallecidos una cuota de esperanza

ante la guerra de las palabras.

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