Bajo de un alero.
Dejé la paciencia en
el sótano
dejé relaciones bajo
las estrellas
hubieron mundos
llenos de agua y calor para
formar un
precipicio.
Siento una palabra
llamada placer y después es una noche
de brebajes atómicos
y de esos sueños desperté
en una laguna mental
y supe como recordar
unos años de instantes
a comparación de
unas semanas.
Imaginé un plato
como universo paralelo al mío
pero olvido que dejé
relaciones bajo las estrellas y formé
un precipicio para
desordenar estos calvarios y retomarlos
en la negación de la
tinta
ante su cansancio.
Dejé notas debajo de
la mesa
dejé notas debajo
del techo
dejé un verbo para
dejar de ser una acción,
y dejé
la noción de estar
produciendo un enjambre de
versos.
Noté la complicidad
ante todo lo bello
y lo estético, en lo
cual, los artilugios
dejaron de ser
acciones para convertirse
en ese algo que no
encontramos
debajo de las
estrellas y sólo se encuentra
en la yema de las
personas, que no tienen dedos,
por lo tanto, hay
que nadar en un precipicio de alguna órbita
y allí tomar carta
de resurrección
para pedirles a esos
poetas fallecidos una cuota de esperanza
ante la guerra de
las palabras.
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